20/06/2020

MONEYBALL Y ESTONIA

“Moneyball” es un término que se popularizó a partir del libro “Moneyball: the art of winning an unfair game”, publicado en 2003 y que cuenta la historia de Billy Beane, Gerente General de los Athletics de Oakland para el momento y quién revolucionaría el mundo del béisbol. Posteriormente en 2011 se estrenó la película del mismo nombre y que daría voz e imagen a Beane a través de la actuación de Brad Pitt.

Beane, quien en su época de jugador era considerado un gran prospecto, no desarrolló todo su talento al momento de ser llamado a las Grandes Ligas del béisbol de los Estados Unidos de América. Sin embargo, la historia de este deporte le tenía reservada una segunda oportunidad y esta vez sí supo aprovecharla. Se retiró joven como jugador, con más decepciones que home runs e inició una carrera de técnico en la organización de los Atléticos de Oakland. Ascendió rápido dentro de la organización californiana y asumió las riendas de la gerencia general del equipo en 1997. Coincide su ascenso a la máxima jefatura operativa con un cambio de estrategia gerencial en el equipo.

En los años previos a la llegada de Beane a la gerencia general, los Atléticos habían demostrado un dominio férreo en su liga, apalancados en una nómina muy alta de jugadores, que inclusive llegó a ser la más cara de las Grandes Ligas en 1991. Este modelo no era sostenible económicamente, considerando que Oakland es un mercado pequeño, en comparación con las grandes ciudades como New York, Chicago, Boston o Los Ángeles.

Billy Beane asume la gerencia general en el momento en que se ajusta la inversión en jugadores a las opciones que ofrece un mercado minúsculo como Oakland, tendencia que se ha mantenido hasta el día de hoy. Consistentemente, desde 1997, los Atléticos siempre han estado entre los últimos equipos de las grandes ligas en pago de nómina, lo que les obliga a competir sin figuras de renombre. Los grandes equipos como los Yankees de New York, Medias Rojas de Boston o Dodgers de Los Ángeles en ocasiones llegan a triplicar la inversión en jugadores que realizan los Atléticos. Sin embargo, desde 1997 hasta el 2019, han ganado 6 veces su división y han estado en las fases finales en 10 oportunidades siendo siempre un equipo competitivo.

Analizar el caso de los Atléticos de Oakland y las decisiones que tomó Beane para hacer de un equipo de escasos recursos un fuerte y consistente contendor, ante equipos que lo superan enormemente en inversión y gasto, es materia suficiente para otra entrada de este blog, pero haciendo un uso eficiente del espacio y del tiempo de nuestros lectores, podemos clasificar las acciones en tres grandes categorías:

 

– Innovación: revisión de los modelos, paradigmas y métodos de trabajo existentes y detección de puntos que no eran cubiertos por el statu quo, para convertirlos en puntos diferenciadores que posteriormente se convirtieran en ventajas competitivas. Los métodos de evaluación de talentos en las organizaciones deportivas se basaban en criterios subjetivos. El cambio que introduce la organización consistió en la creación de un sistema robusto de obtención de información estadística y adopción de herramientas avanzadas de análisis, que permitieran detectar talentos infravalorados por el mercado y sus métodos habituales.

– Establecimiento de una visión clara del objetivo que se quiere lograr con los nuevos métodos de trabajo y comunicarlo eficientemente a todos los involucrados. En el caso de los Atléticos de Oakland, claramente se definió una estrategia baja en presupuesto para el pago de jugadores, que es el elemento que más gastos genera, pero con inversión alta en inteligencia de negocio para garantizar que se mantuviera la competitividad por otros caminos. En la parte comunicacional, el trabajo se orientó a la adopción de la idea por dueños del equipo, técnicos, jugadores y hasta aficionados y prensa especializada. Fue un proceso complejo y con muchos altibajos, pero se logró en gran medida.

– Persistencia y confianza en el camino seleccionado para poder vencer las resistencias que se encuentren en el camino y sobre todo en los primeros estadios del proceso, donde los resultados no han sido obtenidos aún y los protagonistas de la resistencia al cambio despliegan toda su potencialidad.

La otra parte de esta historia la localizamos en Château de la Muette en París. Allí tiene su sede la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Es un organismo internacional cuya misión es diseñar políticas públicas que “… favorezcan la prosperidad, la igualdad, las oportunidades y el bienestar para todas las personas”1 La OCDE cuenta con los países que son referencia en el mundo occidental como miembros permanentes, teniendo actualmente 37 países bajo esta figura. Chile, México y España ya son miembros. Colombia ya fue admitido dentro de este selecto grupo, aunque no ha formalizado su membresía y otros países latinoamericanos como Costa Rica, Argentina, Brasil y Perú están en el proceso de ser admitidos.

El trabajo de la OCDE tiene un fuerte carácter empírico. Las propuestas que ellos realizan se basan en el análisis de información obtenida de densos estudios comparativos del desempeño de sus países miembros.

En el ámbito educativo, el trabajo de la OCDE se estructura alrededor de los resultados del Informe PISA (por sus siglas en inglés: Programme for International Student Assessment). Este informe se construye a partir de los resultados de una prueba que se realiza a alumnos de 15 años de los 37 países de la OCDE y al que además se han incorporado 42 países adicionales, interesados en evaluar la calidad de sus sistemas educativos y compararse con los mejores del mundo en este aspecto.

Es una prueba que se realiza una vez cada tres años, desde el año 2000 y mide tres competencias básicas: matemáticas, ciencias y habilidad lectora. Está diseñada de tal manera que los factores socioculturales influyan lo menos posible en los resultados.

A medida que se han ido incorporando al estudio, los países asiáticos han copado los primeros puestos del ranking. Singapur, Corea y Japón, por un lado; China, quien sólo evalúa, por decisión propia a los estudiantes de Beijing, Shanghai, Jiangzu y Zheijang, y finalmente las regiones de alguna manera vinculadas a China: Hong Kong, Macau y Taiwan. Posteriormente en este blog, analizaremos los aspectos comunes que han hecho de estos países y regiones un centro de conocimiento y de que forma lo han utilizado para generar oportunidades para sus ciudadanos.

En la última evaluación, la de 2018, destaca un hecho significativo. El primer país no asiático que aparece en las listas de las tres competencias evaluadas es Estonia… ¿Estonia? Si, ese país pequeño, báltico, del norte de Europa, con 1,3 millones de habitantes y que es una suerte de puente entre Rusia y los países nórdicos. De aproximadamente 45.000 Km2, destaca su capital Tallín, una ciudad pequeña, costera, más cercana, geográfica y culturalmente, a la Helsinki finlandesa que a otras regiones de la misma Estonia.

Estonia, ha vivido ciclos de dominación e independencia alternativas. Suecos, rusos y alemanes han ocupado su territorio y la perseverancia estonia ha logrado la independencia una y otra vez. Posterior a la Segunda Guerra Mundial, sufrieron el comunismo, como consecuencia de la ocupación soviética. Al desmoronarse, el bloque soviético en 1990, recuperan su independencia, encontrándose con una economía devastada, con una fuerza laboral sin habilidades técnicas y dificultades para cubrir sus necesidades más básicas, como el acceso a los alimentos de gran parte de su población.

El reto, una vez deslastrados del comunismo soviético, era titánico, con escasos recursos económicos y pocas ventajas comparativas. Tocaba revisarse y usar con ingenio los pocos recursos disponibles. Socialmente existía resistencia al cambio de paradigma de una sociedad cerrada y controlada a un modelo de libertad y donde la creación de oportunidades dependiera de sus ciudadanos.

La situación que enfrentó la Estonia postsoviética, requería una serie de acciones, que en el caso de la dirigencia que asumió las riendas del país, fueron enfrentadas con decisiones que podrían ser clasificadas dentro de las mismas categorías que identificamos en el caso de los Atléticos de Oakland y Billy Bean. Por supuesto, hay que respetar las diferencias en la envergadura de ambas situaciones, pero la comparativa arroja elementos interesantes para el análisis.

Estonia decidió en su momento seguir el camino de la inversión en educación, aun cuando necesidades básicas no estaban siendo cubiertas. Teniendo aún una torta más pequeña para repartir, decidieron dar un pedazo más grande a la educación, en comparación a otros países de referencia en Europa. Los primeros años postcomunismo, estuvieron destinando más del 6% de su PIB a Educación, (https://es.theglobaleconomy.com/Estonia/Education_spending/ ) mientras Alemania, Francia España e incluso los Estados Unidos estaban en valores inclusive por debajo del 5%. Pero la inversión en educación se realizó con criterios distintos a otros modelos.

Identificaron oportunidades en el desarrollo de la creatividad desde etapas muy tempranas en el sistema educativo, fomentando la adopción de soluciones tecnológicas en la resolución de problemas que enfrentan los alumnos en sus aulas de clase. Ofrecieron, además, apoyo irrestricto del estado a nuevas formas de enseñar, impulsadas por las instituciones educativas, las cuales cuentan con una autonomía absoluta en su gestión. Esta estrategia se alinea completamente con la visión que tuvo la dirigencia báltica, de convertir a la nación en un referente tecnológico para generaciones futuras y encontrar las oportunidades de poder competir en una economía global a través de ese camino.

Los primeros años no fueron sencillos, la economía decreció y los fantasmas de volver al autoritarismo aparecieron. El trabajo realizado en la adopción del modelo de crecimiento por parte de los actores importantes en la vida social estonia rindió sus frutos y hubo confianza en el camino adoptado para asegurar el despliegue de la idea, aunque los resultados no acompañaron en las primeras instancias.

Hoy Estonia es el hub tecnológico de Europa. Cuenta con un sistema de gobierno que es referencia en el mundo por facilitar la vida a sus ciudadanos a través del uso de herramientas de la información y la comunicación. Cuenta con la mayor cantidad de startups per cápita en el mundo. Es el lugar donde nacieron proyectos como Skype y Transferwise y, además tienes a los jovencitos de 15 años mejor capacitados de occidente.

Innovación, visión, comunicación, persistencia y confianza… en el béisbol y en Estonia han sido las claves.

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